EL PSUC. Al ver la manifestación de ayer me di cuenta del drama que ha supuesto para Catalunya la desaparición del PSUC. Veo al personal muy entretenido con el recuento de manifestantes o con las fake news que inundan las redes, a falta de argumentos. Lo cierto es que había mucha gente y que la mayoría eran de aquí. Muchos venían de lo que antes llamábamos el cinturón rojo de Barcelona. Yo no recuerdo nada igual.

Y supongo que muchos jóvenes se preguntan de dónde salen tantas banderas españolas. Algunos deben alucinar al ver que la inmensa mayoría eran, por así decirlo, gente normal, que también portaban senyeres, y esteladas europeas. A mi no me sorprendió.

 

Conozco esta Catalunya. La frecuenté en los años del PSUC y aprendí a quererla. Con ellos conquistamos la libertad. Y el Estatuto de Autonomía. Sin ellos, no hubiera sido posible.

 

El viernes, me encontré con Luís Romero. ¿Se acuerdan de él? Aquel obrero de la construcción al que pusimos en un cartel electoral, con las manos abiertas. ‘Mis manos: mi capital’. Luis sigue igual. Fiel a sus ideas. Hoy sufre. Sufre por Catalunya. ‘Hay mucha división, Andreu, mucha’, me dijo. Le di un abrazo. Pensé que exageraba. Y el domingo vi la manifestación. ¿Que hemos hecho? Maldecí el día en que nos cargamos el PSUC, entre todos. De aquellos polvos estos lodos.

Espero que los políticos sean capaces de escuchar a Luis Romero. Es un hombre bueno y sabio. Cuando salió elegido concejal, renunció para seguir trabajando en CC.OO. Hoy nadie renuncia a nada.

Andreu Claret fue director de treball: