Segunda parte de una entrevista exclusiva de Brasil de Fato con Luiz Inácio Lula da Silva. La mirada del líder del Partido de los Trabajadores acerca de la actualidad política, la importancia de que “la sociedad civil participe de la construcción de las soluciones para el país” y el rechazo a la injerencia de Estados Unidos en América Latina en general y en Venezuela en particular.

- Por todo lo que Brasil ha vivido, mucha gente ya no cree en la política. ¿Qué debemos hacer frente a esa desesperanza?

– Nosotros no tenemos el derecho de desistir. Mi madre me enseñó eso.

Nosotros tenemos que luchar siempre. Tengo 71 años y no quiero desistir. No desistí de sobrevivir al nacer en una región donde muchos niños mueren antes de completar cinco años.

No desistí de organizar a los trabajadores durante la dictadura. Construí con mis compañeros el mayor partido político de América Latina y fui presidente del Brasil por dos mandatos. Si conseguí todo eso sin diploma universitario, sin padre rico, ¿por qué algún joven debe desistir? Si usted cree que la política está­ mal, entre a la política y trate de ser usted mismo el militante o dirigente político que sueña para Brasil.

- Hoy, ¿quiénes son los principales adversarios para que tengamos un país con justicia social, solidario y con oportunidades para todos?

– Yo creo que hoy hay mucha gente resentida en Brasil, mucha gente que está de mal humor, creyendo que el egoísmo va a resolver alguna cosa. Hay mucho empresario que quiere quitar derechos a los trabajadores y jubilados sin percibir que si el trabajador y el jubilado no tienen dinero, no van consumir lo que él produce. La gran fuerza de nuestra economía es el mercado interno. Entonces él puede creer que le va a ir bien siendo enemigo de los trabajadores y al final sus ventas van a caer.

Hay gente que se resiente por la mejora de las condiciones de vida de los más pobres y quiere un país para pocos, solo para un tercio de la población. Hay gente que defiende casi la vuelta de la esclavitud. Esas personas necesitan entender que eso no es bueno ni para ellas, porque un país para pocos es un país débil, inseguro, inestable. Un país así no atrae inversión extranjera, atrae solo a parásitos en busca de riqueza rápida, que vienen a extraer recursos naturales o a comprar empresas baratas.

Una sociedad solidaria no es solo una cuestión de justicia -aunque eso sea lo más importante- sino también de necesidad. Cuando los pobres y los trabajadores mejoran su vida, toda la sociedad mejora.

- Muchas veces los políticos se pasan decidiendo sobre la vida de los brasileños y del país encerrados en oficinas en Brasilia. Usted ya hizo muchos viajes por el interior de Brasil, en caravanas como está ahora en el Nordeste. ¿Qué aprendió usted sobre nuestro pueblo en esas experiencias?

– Aprendí que el pueblo brasileño es de una gran fuerza y una gran generosidad, y que no se puede gobernar el país desde Brasilia, desde la Avenida Paulista o desde la zona sur de Rio de Janeiro. Para alguien que vive en esas regiones, un programa como el Luz para Todos puede no significar nada. Pero él llevó energía, trajo al siglo 21 a millones de brasileños. Sin luz, un joven no puede estudiar. Sin alimentarse, sin una buena merienda en la escuela, el joven no puede estudiar.

Creamos el Programa de Adquisición de Alimentos, que apoya al agricultor local y refuerza la merienda con comida saludable, hoy eso está siendo destruido. El niño tiene que comer, pero también tiene que tener ropa para ir a la escuela. El [programa] Bolsa Familia exige que para recibir el beneficio, el niño frecuente el aula de clases. Sin transporte, un joven de la zona rural no puede estudiar. Creamos el programa Caminos a la Escuela, que llevó buses escolares por el interior de Brasil.

Sin agua, ¿cómo se puede vivir, todavía menos estudiar? Instalamos millones de cisternas en el sertão [región semiárida del nordeste brasileño]. Y si no tiene facultad próxima, ¿cómo estudiar? Ampliamos las universidades, los institutos federales de enseñanza, las escuelas técnicas, llevándolas para el interior. Fueron centenas de nuevas extensiones universitarias en todos los estados del país. Bahia tenía solo una universidad federal, hoy tiene cuatro.

Conozco personalmente el tamaño de este país, no es pequeño, y quien lo gobierna no puede tener la mente ni el alma pequeñas. Tiene que oír al pueblo y con los pies en la tierra, conversar, buscar soluciones, dar fuerza a la sociedad civil. Y tiene que abrir el palacio al pueblo, hacer que la sociedad civil participe de la construcción de las soluciones para el país.

- ¿Cómo evalúa usted las amenazas del gobierno de Estados Unidos frente a la situación de Venezuela? ¿Cómo debería haber actuado Brasil en el proceso de paz en Venezuela?

– Es inadmisible que Donald Trump haga amenazas militares a Venezuela. Aún más, a cualquier país, en cualquier región del planeta. Venezuela tiene derecho a su autodeterminación. Es el pueblo venezolano que debe decidir libremente el destino del país. Si hay una crisis institucional, que se busque superarla por medio del diálogo y de la negociación política, pero respetando siempre a los gobernantes que fueron electos por voto popular, dentro de las reglas democráticas, como era el caso del presidente Hugo Chávez y es el caso del presidente Nicolás Maduro.

En 2003, cuando Venezuela vivía una crisis semejante, yo mismo propuse la formación de un grupo de países amigos de Venezuela, bastante plural, que acabó contribuyendo para el restablecimiento de la normalidad y de la paz. Hoy, infelizmente, Brasil no tiene ninguna autoridad moral para ayudar. Es ridículo un gobierno golpista, ilegítimo, enemigo de su propio pueblo, queriendo dar lecciones de democracia a Venezuela.

Cuando tengamos nuevamente un gobierno democrático y popular, Brasil volverá a colaborar, sin interferencias indebidas en la soberanía de los vecinos, para consolidar la paz y la estabilidad democrática en América del Sur.

Fuente: http://www.portalalba.org/