Kristin Kupernak, una madre soltera de cuatro hijos varones, sonríe con ironía cuando se le mencionan los lemas de la Unión Cristiano-demócrata (CDU) y admite con rabia contenida que este domingo no votará por el partido de la canciller, Angela Merkel, ni por su principal adversario, el SPD. "Por una Alemania donde vivamos bien y felices", es uno de los lemas ideados por los estrategas de la CDU. Y la cara risueña de Angela Merkel acompaña, en un enorme cartel que adorna la fachada acristalada de la moderna sede del partido, una palabra que pretende hacer creer a los transeúntes que ella es la persona idónea para convertir a Alemania en nuevo paraíso en la tierra: Gerechtigkeit, que se podría traducir como equidad.

“En este país hay mucha gente que vive bien y feliz, pero también hay mucha gente que vive mal y triste”, afirma Kupernak, que acude de lunes a viernes a un centro de la ONG Arche, en el conflictivo distrito de Hellersdorf en Berlín, para comer gratis junto a tres de sus hijos.

“Merkel no ha hecho nada para solucionar el problema de los pobres y tampoco para mejorar la situación de nuestros hijos”.

Kupernak se divorció de su esposo —"era alcohólico", confiesa—, hace seis años y logró encontrar trabajo como señora de la limpieza. Hace un año su cuerpo se rindió. Tuvo que solicitar la incapacidad laboral que le reconocieron. Con 49 años cumplidos vive ahora de la ayuda social y de la caridad de Arche.

 La pobreza infantil ha aumentado notablemente, según un informe de la Fundación Bertelsmann: “En enero del año 2000 teníamos 15,7 millones de niños, de los cuales 1,45 millones vivían en la pobreza y recibían ayuda social. Actualmente tenemos 12 millones de niños y casi tres millones viven gracias a la ayuda social y no tienen ninguna opción en el sistema educativo”.

Un 15,7% de los alemanes está bajo el umbral de la pobreza. Es decir, vive con menos del 60% de los ingresos medios de los alemanes, según datos oficiales.

“Este país necesita hacer muchos cambios y lo primero que tendría que hacer el futuro Gobierno es hacer una reforma radical en la educación”, asegura Kupernak. “La educación en Alemania es obligatoria, pero muchos niños van a la escuela sin desayunar. Un Gobierno que apuesta por la justicia social debería crear escuelas donde los niños puedan comer, una medida que ayudaría a las mujeres como yo a poder encontrar un trabajo”.

Wolfgang Büscher, el responsable de relaciones públicas de Arche en Berlín, tiene una respuesta para explicar la miseria de Kupernak y la desconfianza de la mujer respecto a los partidos que han gobernado en los últimos 12 años.

“Ni un solo partido ha mostrado interés en solucionar una de las lacras de este país, la pobreza infantil, que afecta a unos tres millones de niños y menores de 18 años. Hay una comisión especial en el Parlamento que se ocupa de la situación de los niños, pero nadie le hace caso”. Büscher explica que representantes de Arche han visitado las sedes de todos los partidos en Berlín y que han hablado con infinidad de líderes para intentar convencerles de que ha llegado la hora de legislar para reformar la Constitución en el país más rico de la Unión Europea. “Los derechos de los niños a una vida mejor deben estar garantizados en la Ley Fundamental”, dice. “Pero nunca han mostrado interés por hacerlo. No lo entiendo”.

La inacción del Gobierno de la CDU y el SPD y el poco interés de los políticos en combatir la pobreza infantil, que en cada campaña electoral incluyen en sus respectivos programas frases grandilocuentes prometiendo mayor bienestar y justicia social, se refleja en un estudio realizado por la fundación Bertelsmann. "La pobreza infantil no ha caído del cielo. La pobreza infantil en un país rico como lo es Alemania. Es el resultado de la acción política o la omisión de la acción política", señala el informe. "La pobreza infantil disminuye las perspectivas de una vida mejor para toda la vida", concluye.

El resultado de la "omisión de la acción política", como señala el informe de Bertelsmann, es categórico: más de 600.000 niños (entre los 82 millones de alemanes) viven en una pobreza absoluta y no reciben una comida caliente cada día. Heinz Hilders, presidente de Kinderschutzbund, una organización que intenta defender los derechos de la infancia, cree que la miseria de los niños representa un peligro para la sociedad porque arruina las perspectivas de una vida mejor para una gran parte de las generaciones futuras.

Pero en vísperas de las elecciones generales, la CDU y su aliada de Baviera, la CSU, optó por anotar en la introducción de su programa electoral una frase que desconcertó a Kupernak, la madre necesitada, y Büscher, el representante de la ONG que ayuda a su familia: "Hoy vivimos en la Alemania más bella y mejor". "Es una burla", sentencia ella Kupernak. "Ellos son los responsables de la miseria que viven tres millones de niños", añade él.

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