El sábado 23 de septiembre, el sol lucía sobre la capital francesa en uno de esos veranillos tan raros en París. Desde mediodía el movimiento político de Francia Insumisa se reunía en torno a la Plaza de la Bastilla para marchar hasta la République. Apenas un kilómetro y medio de recorrido que los manifestantes tardaron hasta tres horas en realizar.

Según los organizadores se congregaron unas 150.000 personas a la llamada de su líder Jean-Luc Mélenchon, mientras la policía daba una cifra de 30.000 manifestantes. ¿El motivo de la marcha? Protestar contra lo que han denominado el golpe de estado social. “El gobierno de Macron, en el poder desde hace cuatro meses, no ha tomado más que medidas anti-sociales.

En mi caso el cambio de la cotización sobre el salario supondrá que el 1 de enero perderé el 1,7% de mi jubilación.

Si antes era el espíritu de solidaridad, que financiaba la seguridad social, ahora será financiada mediante un impuesto general que pagaremos todos, trabajadores, pensionistas, parados, etc”.

Este es uno de los numerosos cambios legislativos que nos explica con precisión Roland, jubilado de Valenciennes llegado en autobús a París expresamente para la manifestación. Claire y François vienen de Burdeos para la marcha. “Nosotros somos jubilados y hemos trabajado en el hospital toda la vida, pero ahora, según el presidente, somos unos fainéants”. Esta palabra significa literalmente “los que no hacen nada”. Se refieren a una polémica declaración de Macron a principios de mes en la que trataba de cínicos y vagos a los opositores a su reforma laboral.

Este insulto ha prendido el fuego de la cólera entre muchos y está presente en la mayoría de pancartas y discursos contra el presidente. Pero no es lo único por lo que protestan los insumisos, Claire lo resume así: “Esta es la muerte del Código de Trabajo, ya no hay derecho, es todo para la patronal y los ricos, nada para los demás. Es la destrucción de la vivienda, del trabajo, de la salud, e incluso de la libertad de los periodistas. Esto es básicamente una dictadura”.

Para ella, el futuro de la lucha pasa por la huelga general. “Ya lo hicimos en Mayo del 68. Para mí, hoy, la Francia Insumisa es una herramienta de unión. No pensamos todos igual, pero todos estamos de acuerdo en hacer caer este gobierno que es la muerte de la clase trabajadora.” Más allá de la protesta, el valor simbólico de la marcha es mucho mayor. Mélenchon se ha tratado de erigir en estos últimos meses como la única oposición auténtica al gobierno francés.

Su voluntad de proclamarse la voz de la calle, que si bien es mucho más diversa que la de los auto-denominados insumisos, parece tener bastante éxito. Mientras el resto de partidos apenas levantan un dedo contra las políticas de Macron y su voz queda silenciada en una Asamblea ampliamente dominada por el movimiento En Marche!, los diputados de Francia Insumisa han conseguido convertirse en el altavoz más potente de la oposición parlamentaria.

El Partido Comunista, por su parte, cuenta con 11 diputados en la cámara. Aunque apoyó la candidatura de Mélenchon a las presidenciales, las relaciones en el seno de la izquierda son tensas. Sin embargo también existen aliados inesperados como Benoît Hamon, el abatido líder del Partido Socialista, que participó en la marcha de París en una imagen que no se acostumbra a ver: un líder político caminando justo al lado de su rival en las anteriores elecciones.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

El diagnóstico es sencillo: En el parlamento y las instituciones gobiernan sin obstáculos los acólitos de Macron, a la vez que el movimiento de los insumisos se hace mayor cada día. No olvidemos que fue Marine Le Pen y el miedo a un gobierno del Frente Nacional el que llevó a una mayoría de franceses a votar al actual presidente, a pesar de no compartir su programa político.

Hoy ese programa está siendo aplicado sin obstrucciones a nivel parlamentario, pero el sentir en la calle es muy diferente. Una impotencia que se transforma en rabia y en acción política y que Mélenchon está consiguiendo canalizar a través de su movimiento, que con apenas 17 diputados representa la oposición más firme al gobierno en la Asamblea.

La demostración de fuerza del 23 de septiembre ha sido la movilización más numerosa desde que Macron fue investido presidente. Sin embargo el mandato de Macron y su asamblea caduca en 2022, un año imposible de imaginar dado el frenético ritmo de los acontecimientos que sacuden Francia, Europa y el mundo en su conjunto. ¿Qué pasará con los insumisos para entonces? ¿Qué rol jugarán en los próximos años? Poco se puede aventurar por ahora.

Mélenchon, en su discurso ante la multitud congregada en la Place de la République, compartió su sueño de organizar junto con los sindicatos una marcha de más de un millón de personas sobre los Campos Elíseos. Sin embargo no aventuró ninguna fecha. La última manifestación de esta magnitud fue la que se realizó en repulsa del atentado contra el semanario Charlie Hebdoy en defensa de la libertad de expresión en enero de 2015, la más grande que jamás se ha realizado en Francia según el diario Le Monde.

En los últimos comicios, el propósito de los insumisos fue el de ocupar el espacio perdido por el Partido Socialista y ser el referente de la izquierda en Francia. Por ahora lo han conseguido. La pregunta es si el movimiento mantendrá y ampliará su fuerza hasta las siguientes elecciones, dando a su líder la posibilidad de obtener la próxima presidencia.

Convertirse en referente no es tarea fácil, aún menos en un país tan anclado en los principios de la V República. El programa de Mélenchon habla directamente de una VI República, un nuevo modelo que ahondaría en el carácter social del Estado frente a la deriva liberal del actual presidente.

Si bien los resultados obtenidos en las últimas elecciones, casi el 20% de los votos, son los más altos nunca conseguidos por el partido, no se puede olvidar la progresión paralela del Frente Nacional, también opuesto al modelo político de Macron. El proteccionismo ultranacionalista de Marine Le Pen la llevó a pasar a la segunda vuelta de las presidenciales, aunque con apenas dos puntos de diferencia con Mélenchon.

Aunque el Frente Nacional no acostumbre a hacer demostraciones de poder como la del pasado sábado cuenta con enormes caladeros de voto en muchas comunas francesas, y la única oportunidad de la izquierda para batirlo pasa por crecer y consolidar sus votantes.

Algunos de los jóvenes presentes en la marcha apuntaban hacia el futuro del movimiento, íntimamente ligado al de su líder: “A Mélenchon se le acusa sobre todo de ser un poco megalómano —comenta Alice, una estudiante parisina— yo misma tengo problemas para responder a esas críticas. Pero también ha sido él el que ha creado Francia Insumisa y es gracias a él que hemos encontrado una cierta cohesión. Yo personalmente he abierto los ojos y me he politizado gracias a él, a nivel de la comunicación ha creado un canal en Youtube especialmente para nosotros, para hablar a los jóvenes”.

Kilien, otro de los jóvenes que asistieron a la marcha, concluye con una idea bastante común a los manifestantes: “Su campaña ha sido verdaderamente portadora de esperanza y el movimiento que ha creado, Francia Insumisa, lo ha sobrepasado completamente. Incluso aunque haya gente que por diversos motivos no esté conforme con votarle, finalmente esas lagunas desaparecen barridas por la fuerza de este movimiento popular”.

TRAYECTORIA DE LA ESPERANZA DE LA FRANCIA INSUMISA
Jean-Luc Mélenchon nació en Tánger en 1951, siendo la ciudad zona internacional. Sus abuelos eran de origen español, idioma que domina casi a la perfección. Tras estudiar filosofía fue profesor y periodista. No tardó en integrar el movimiento sindical y posteriormente el Partido Socialista, del que acabó liderando el ala izquierda. Fue ministro delegado de Enseñanza Profesional siendo presidente Jacques Chirac. En 2009 funda el Partido de Izquierda, que pronto integra junto con el Partido Comunista y la Izquierda Unitaria el conocido como Frente de Izquierdas, con el que se presenta tanto a las elecciones nacionales como a las europeas. Durante dos legislaturas ejerce funciones como eurodiputado y deja finalmente el cargo para centrarse en las últimas presidenciales, en las que obtuvo casi el 20% de los votos. Desde hace muchos años es una de las figuras más importantes y representativas de la izquierda en Francia y en Europa.