Tras la independencia en 1956, el rey Hassan II utilizó el mismo proyecto francés para aumentar su control autoritario sobre el país. Más recientemente, el rey Mohamed VI se ha encargado de reformar el Código Penal junto con el gobierno. Esta fachada de reformas pretende reforzar el aparato estatal al mismo tiempo que reduce el espectro de libertades civiles en nombre de la seguridad nacional. Es en este contexto de sometimiento en el que el Estado marroquí desarrolló la actual estrategia de contraterrorismo que aplica también a los pacíficos, aunque indignados, manifestantes. Hoy en día, la definición legal de terrorista ha cambiado tan poco como el Código Penal: Los nacionalistas, que representaban un peligro para el establishment francés y eran el objetivo de la legislación antiterrorista francesa, han sido reemplazados por una categoría similar que incluye a toda persona que critique el régimen o exija reformas.

Los métodos heredados de la colonización, actualmente utilizados por el gobierno, están haciendo muy poco para satisfacer las demandas básicas de una población hambrienta de igualdad de oportunidades y justicia social.

Además, las personalidades y símbolos del Hirak están siendo constantemente utilizados por los medios nacionalistas para desacreditar los objetivos y mensajes del movimiento. Tras el arresto de Zefzafi, la prensa amarilla empezó a filtrar fotos de Zefzafi en compañía de mujeres y llevando una vida lujosa en yates, presentando un marcado contraste con su activismo. Aun así, la furiosa campaña en los medios contra él intentando que su mensaje apareciera como inconsistente teniendo en cuenta su vida personal sólo sirvió para afianzar aún más su situación frente al gobierno.

Zefzafi está teniendo que enfrentarse a las graves acusaciones de amenazar la seguridad nacional y recibir ayuda extranjera, delitos por los que probablemente será condenado a pena de muerte o a cadena perpetua, dependiendo del juez que le juzgue. La amplia diáspora rifeña que lleva décadas repartida por Europa hace que sea fácil presentar acusaciones de apoyo exterior; las familias inmigrantes envían a menudo dinero a sus familias e invierten en sus hogares marroquíes en preparación de su regreso allí. Hay ya prevista un gran protesta del movimiento Hirak el 20 de julio, una fecha en la que muchas familias habrán vuelto de vacaciones a Marruecos. El papel que la diáspora podría jugar en estas protestas está aún por ver, pero es probable que su número y estatus ejerzan presiones adicionales sobre el gobierno. Por Internet circulan videos de manifestantes rompiendo sus pasaportes marroquíes para mostrar su negativa a prometer lealtad a un Estado que ya no les representa. Estas tensiones aumentan la probabilidad de que acontecimientos similares se produzcan este verano.

En un esfuerzo manifiesto por continuar con la protestas, figuras femeninas como Nawal Ben Aissa , de 36 años y madre de cuatro hijos, se han puesto rápidamente al frente de las protestas, enriqueciendo el movimiento con nuevos rostros. Ben Aissa anunció en un video, que se hizo posteriormente viral, que se estaba entregando a la policía tras una orden arresto emitida en su contra el 1 de junio. Fue interrogada y liberada poco después.

Por otra parte, a pesar de su notable silencio, el Estado está trabajando cuidadosamente tras las bambalinas para invalidar el movimiento Hirak. Por ejemplo, el hecho de ondear banderas rifeñas y amazigh durante las protestas se considera como un ataque directo contra la integridad territorial de Marruecos y como un mensaje separatista claro. Este sentimiento está alimentado por las plataformas mediáticas propalacio diseñadas para extender el miedo, disuadir de la solidaridad y aislar las protestas de la población en sentido amplio. Sin embargo, este esfuerzo ha sido infructuoso hasta ahora y un número cada vez mayor de manifestantes están tomando las calles y mostrando un apoyo sin paliativos al Hirak en los medios sociales.

Aunque el gobierno ha emitido varias declaraciones generales sobre la situación, sus medios de propaganda están alimentando el miedo popular sugiriendo que las manifestaciones podrían degenerar en una ruptura total de la ley y el orden de forma parecida a las crisis en curso en las vecinas Libia y Siria. Esta narrativa ha preocupado al público marroquí en sentido amplio y provocado reacciones ambivalentes.

En el mismo sentido, los medios han acusado al movimiento rifeño de recibir apoyo exterior de entidades separatistas como el Polisario y Argelia. Esta es una estrategia común del majzén para estigmatizar cualquier tipo de antagonismo con el discurso oficial. Sin embargo, esas acusaciones tienen poca credibilidad a la luz de la escasez de medios independientes y de la vulnerabilidad de su posición dentro de un aparato estatal fuertemente controlado que fomenta un ambiente represivo en el que la disidencia y las demandas legítimas se equiparan con la deslealtad, la influencia extranjera y la traición. En realidad, como sostuvo Abubakr Jamaï, las razones subyacentes en los levantamientos actuales, aunque empezaran en el Rif, van más allá del regionalismo y tienen que ver con todo el tejido social de una nación inmersa en la “desesperación económica y social”.

En resumen, el gobierno continúa rechazando las reclamaciones de sus ciudadanos y no ha conseguido implementar medidas concretas de reforma que aborden las desigualdades subyacentes. Ha descartado estas protestas como hechos aislados instigados por una maligna influencia exterior o por actores internos desleales dispuestos a derrocar al Estado. Si esto sigue así, la situación tiene potencial para degenerar en una crisis total.

SIn permiso

Texto completo en: http://www.lahaine.org/marruecos-el-rif-frente-al