Corrían los días de octubre de 2010. Isidoro Moreno, un veterano compañero de Arroyo de San Serván, militante comunista desde su juventud, había sufrido un derrame cerebral, seguido de pequeñas embolias y su salud se deterioraba a pasos agigantados.

Fuimos a visitarle a su casa y Vale, su mujer, nos contó la asombrosa historia: Isidoro llevaba meses sin hablar, la mirada perdida, fugitivo el ánimo, umbrío por la pena. De repente, una noche, sentados para cenar alrededor de la mesa camilla, Isidoro comenzó a agitarse y a señalar nerviosamente el televisor. Qué te pasa, qué quieres, Isidoro. De sus labios salieron las primeras palabras, tras meses de silencio tenaz:

Colectivos por la memoria histórica aprovecharon este jueves el 40º aniversario de las primeras elecciones tras la dictadura para registrar un escrito en el Congreso en el que reclaman la aprobación de una ley integral de víctimas del franquismo que incluya una condena expresa del régimen y reconozca los derechos a la “verdad, la justicia y la reparación” que llevan años reclamando.

Julián Rebollo, sobrino de un español asesinado en el campo nazi de Mauthausen, presentó el documento en nombre de la coordinadora y solicitó una reunión con todos los partidos para poder trasladarles personalmente sus reivindicaciones. El documento recoge la denominada 'Carta de Vicálvaro', aprobada en este distrito madrileño en el 2016 y que reclama una ley de reconocimiento y protección integral a las víctimas, que establezca una "condena” del "golpe de Estado contra la República, la guerra, la dictadura y la represión".

La gran mayoría de los libros publicados en estos últimos años sobre Ernesto Guevara han puesto el acento en diferentes aspectos de su biografía. Han sacado a la luz algunos de los rasgos del carácter del Che que hasta hace poco eran insuficientemente conocidos o valorados.

Estos libros, de intención biográfica en su mayoría, han revelado también algunos de los motivos últimos que llevaron a Guevara a prolongar la actividad guerrillera en África y en América Latina después del triunfo de la revolución cubana.

Aun sin entrar a discutir la intención o la calidad de estas biografías, se puede decir que tales publicaciones han contribuido a mantener la leyenda del Che

Este domingo se cumplen 146 años del sangriento final de uno de los experimentos políticos y sociales más importantes de Europa: la Comuna de París. Tras más de 4 meses de sitio las tropas prusianas tomaron París, aunque se retiraron casi de inmediato, y Guillermo I de Alemania formó el gobierno provisional de la República, presidido por Adolphe Thiers, que se alojó en el Palacio de Versalles.

Pero la ciudadanía parisina se negaba a rendirse y se amotinó cuando el gobierno provisional trató de arrebatarle los cañones adquiridos por suscripción popular para defenderse. La Guardia Nacional, con el apoyo del pueblo, convocó unas elecciones para el consejo municipal del que surgió una Comuna (commune es el término que aún se utiliza en Francia para designar a los ayuntamientos)

No se puede recorrer Muranów, un barrio de Varsovia, sin que el corazón se encoja y un nudo nos atenace la garganta. Aquí estaba el ghetto, y, a cada paso, surgen los recuerdos del horror. Nos hablan de él, Antoni Szymanowski; y los diarios de Emmanuel Ringelblum –los Escritos del ghetto–; y las páginas de Hersch Berlinski, y de Aurelia Wylezynska, muerta durante el levantamiento de Varsovia. Y las de Cyvia Lubetkin, y Jan Karski, correo de los partisanos polacos. Emmanuel Ringelblum, que fue asesinado por la Gestapo en 1944, pudo enterrar en Muranów algunos documentos que reunió. También los nazis hablan de ese infierno: el general de las SS, Jürgen Stroop, conquistador del ghetto de Varsovia; y el propio Goebbels.

El 16 de abril de 1917, hace justo cien años, el líder bolchevique llegó a la estación Finlandia, en Petrogrado (hoy San Petersburgo), después de vivir la Revolución de febrero y la abdicación del zar desde el exilio en Suiza.

La Revolución de febrero y la abdicación del zar Nicolás II sorprendieron a Lenin en el exilio en Suiza. Las celebraciones, sin embargo, no duraron demasiado: para Lenin, observar estos acontecimientos desde la distancia no era una opción. Aunque decidido a regresar a Petrogrado, la travesía en una Europa en guerra distaba de estar exenta de complicaciones. Francia, aliada de Rusia en la Primera Guerra Mundial,