El 20 de febrero de 1968, casi siete años antes de su fallecimiento, Francisco Franco rubricaba en el palacio de El Pardo su testamento personal. Quienes han tenido en su mano el documento, indican que certificaba el legado a su muerte de dos millones de pesetas (12.000 euros) a cada uno de sus siete nietos, y a su mujer y a su hija los bienes inmobiliarios registrados a su nombre: el palacio del Canto del Pico (Torrelodones) y el pazo de Meirás, ambos regalados al dictador.

Pero el patrimonio familiar era mucho mayor. Tanto, que de esos bienes han seguido viviendo en buena medida sus descendientes y han generado

actividad a medio centenar de sociedades centradas mayoritariamente en gestionar el tesoro familiar y rentabilizarlo en el negocio del ladrillo.

Ese legado patrimonial de Franco no ha sufrido revisión alguna para rescatar los bienes recibidos como jefe del Estado, haciendo posible así que las propiedades que pasaron a su dominio y las que sus descendientes gestionaron, sigan haciendo de Franco un negocio muy vivo, aún 42 años después de su muerte.

«Es una familia rica, rica de verdad», mantiene Mariano Sánchez Soler, el mayor investigador del patrimonio del dictador y su familia y autor de Los Franco S.A. «La gran mayoría de sus bienes los lograron con tráfico de influencias, cuando esa práctica no era vista como un delito. Se añaden los regalos que recibían de los favorecidos por el régimen, además de los que les entregaron cada semana durante 40 años de recepciones semanales en El Pardo, con presentes con precio tasado previamente por la Casa Civil y de los que nunca han dado cuenta», explica el escritor.

Mil millones de pesetas

Con el valor registral del día que falleció Franco, el patrimonio de la familia fue tasado por Sánchez Soler, con escrituras y valoraciones de Hacienda en mano, en 1.000 millones de pesetas (6,01 millones de euros), un dineral entonces, aún mayor a precio de mercado. A las propiedades testadas se añadían las que madre e hija gestionaban desde diversas sociedades instrumentales con el general en vida.

A la muerte de Franco, el valor registral de los bienes era de 1.000 millones de pesetas Así pues, a Meirás y al palacio del Canto del Pico se sumaban el palacete de Cornide (A Coruña); el edificio ocupado por la familia desde la muerte del dictador en la calle Hermanos Bécquer de Madrid, sede de gran parte de sus empresas; una finca de 9,8 millones de metros cuadrados en Arroyomolinos, la que más satisfacciones económicas les ha dado; la casa natal de Ferrol; un palacio de caza en Castillo de las Navas (Córdoba); un chalé y dos fincas en Marbella; un chalé en Puerta de Hierro, otro en La Moraleja y propiedades en la urbanización de La Florida, en los tres casos en Madrid; tres fincas y un chalé en Guadalajara; una finca y un chalé en Torremolinos; otra finca en Bastiagueiro, así como otra procedente de los padres de Carmen Polo en Llanera (Asturias).

Gran parte de ese parque inmobiliario ha sido vendido paulatinamente. «Todo se compra y todo se vende», terció el marqués de Villaverde cuando al final de los años ochenta era preguntado sobre la intención de vender Meirás. «Llega un momento determinado en que una vaca se queda sin leche, porque se acaba, y hay que comerse la vaca, porque si no la vaca acaba con nosotros», añadía. La familia rechazó este mismo martes en Meirás hacer declaración alguna sobre el futuro del pazo y su patrimonio.

El registro de la propiedad refleja hoy que la única hija del matrimonio Franco, de 91 años, tiene a su nombre cuatro propiedades en Madrid y otra en Jimena de la Frontera (Cádiz), de las que sus registradores deniegan su descripción; dos apartamentos y sendas plazas de garaje en una exclusiva urbanización con campo de golf en Estepona; el olivar heredado en Guadalajara; una vivienda comprada en la Granja de San Ildefonso (Segovia), y una veintena de propiedades en las proximidades de Oviedo, tierra natal de la matriarca, figurando todas ellas (casa, fincas, montes, huertas y dos hórreos de seis pies) como logradas por donación, de las que se hace constar que «no están coordinadas con Catastro», como obliga una ley desde el 2015.

En su conjunto, la fortuna de los Franco ha llegado a ser situada en torno a los 600 millones de euros, cálculo en todo caso difícil de concretar dado el laberinto societario con el que se han recubierto sus propiedades y la imposibilidad de conocer si ha llegado a atesorar capital en el extranjero, donde la hija del dictador y su esposo, el marqués de Villaverde, viajaban incluso con pasaporte diplomático hasta que en 1978 Carmen Franco fue sorprendida en la aduana destino a Suiza con 31 medallas de oro y brillantes regaladas al dictador. «Se me había ocurrido hacer con ellas un reloj», argumentó entonces.

Hija y yerno fueron claves en la puesta en marcha de las sociedades encargadas de gestionar el patrimonio familiar, mientras Carmen Polo recibía de pensión neta hasta su muerte 652.443 pesetas (3.921 euros) al mes.

La compra y venta de aparcamientos en Madrid fue de las primeras iniciativas empresariales. Proazca, Abanco, Aparcamientos Atocha 70, Centro de Agentes Unidos del Calzado Español (firma inmobiliaria, pese al nombre), Comercial Flores y otras sociedades fueron abriendo paso a un conglomerado societario, casi siempre con sede en la casa familiar del barrio de Salamanca. Allí figura aún Sargo Consulting (con activos por 20 millones de euros), que gestiona gran parte del patrimonio inmobiliario del grupo y que es matriz de Fiolasa, con otros 20,5 millones en bienes. Borcorel, Montecopel (16,7 millones en activos), Pristina (15,5 millones), Estacionamientos Urme (1,3 millones), Caspe 99, Bejar 2001, Arroyo de la Moraleja y Ursaria tienen el mismo domicilio fiscal.

Carmen Franco figura en el registro mercantil con 21 cargos societarios. Su hijo Francisco Franco Martínez-Bordíu (se cambió el orden de los apellidos), con otros 24. Y sus hermanos e hijos, como Luis Alfonso de Borbón, se distribuyen por el staff de medio centenar de consejos de administración de empresas, la mayoría sin apenas empleados.

La gran operación

La recalificación de 3,3 millones de metros en Madrid, en el 2003, ha sido su mayor operación Todas las referencias sobre el patrimonio de los Franco marcan un antes y un después en la recalificación de la que fue objeto la finca agraria y ganadera que el mismo dictador explotó como empresa en Arroyomolinos (Madrid). 3,3 millones de metros cuadrados de los 9,8 millones de la finca Valdefuentes, comprada en 1954, pasaron en el 2003 de rústicos a edificables no sin antes servir de escenario a Berlanga para rodar La Escopeta nacional. Casi 3.000 viviendas, el macrocentro comercial Xanadú y tres polígonos industriales son la huella viva de la operación inmobiliaria.

fuente: https://www.lavozdegalicia.es/