En el día más importante, Donald J. Trump se olvidó de tuitear.

En realidad no. Pero lo hizo tarde y mal. Tarde porque el hombre que levantaba el dedo acusador antes de que, en las calles europeas, las autoridades determinaran la autoría de un atentado, ayer apareció en la red social que tanto le gusta a regañadientes, casi por pura obligación. Mal porque el agitador especialista en enumerar enemigos, señalar culpables, ya sean personas físicas, jurídicas o metafóricas, desde Obama hasta Washington en general, fue incapaz de pasar de un vergonzoso “en todas partes” a la hora de condenar una violencia que solo estaba en un lado.

Que siempre ha estado, casi desde la fundación de este país, y a la que ni siquiera fue capaz de llamar por su nombre: desde supremacistas blancos nostálgicos de la segregación racial a ultraderechistas de diploma y altavoz mediático pasando por neonazis y fascistas sin camisa negra, pero de pistola al cinto.

La negativa del gobierno de Rajoy a dialogar con el gobierno de Cataluña y negociar la posibilidad de que el pueblo catalán pueda expresarse sobre el futuro de Cataluña, ha tenido por respuesta de la Generalitat la convocatoria de una consulta unilateral, que pretenden sirva de base para proclamar en 48 horas la independencia de Cataluña. Esta decisión, lejos de encauzar los legítimos derechos del pueblo catalán, contribuye a potenciar —aún más— la confrontación interna y externa así como potenciar un nacionalismo español de nefasto recuerdo en nuestra historia.

En este sentido, si la intención del gobierno de Cataluña hubiera sido dar la posibilidad de que el pueblo catalán se expresara libre y democráticamente sobre su futuro, se hubiera planteado un proceso en el que se pudieran expresar, tanto en el debate como en la propia votación,

                                                                   

(Atilio A. Boron)  En los últimos días, en coincidencia con la decisión de Cambiemos de hacer de Venezuela uno de sus ejes de campaña, fui sometido a un ataque sin precedentes desde las ciudadelas de la oligarquía mediática argentina a propósito de mis opiniones acerca de lo que está ocurriendo en aquel país. Periodistas y académicos unieron sus fuerzas para no sólo disentir con mis ideas sino también para lanzar toda suerte de agravios sobre mi persona. No tiene sentido referirme a cada uno de sus autores por separado, y esto por dos razones. Primero,  porque en el fondo su discurso es el mismo:

Ruth y su hija viven desde hace cuatro años en el número 24 de la calle Lancaster, en el barrio barcelonense del Raval. En aquel momento, el edificio estaba ocupado por El Centro Social Guernika, autogestionado por jóvenes activistas que mediante el apoyo mutuo tenían el objetivo de compartir el espacio con familias que se encontraban sin viviendas. “No teníamos donde vivir y después de hablar con la asamblea nos organizamos para que me instalara en este piso, que llevo cuidando y reformando durante todos estos años. Después de tanto tiempo, lo considero mi vivienda legítima”, afirma Ruth. 

La historia del Lancaster 24 comenzó en 2002, cuando el Ayuntamiento inició un Plan de Mejora Urbana (PMU) en las calles Lancaster y Arc del Teatre, en el que había que derrumbar varios edificios.

Los vecinos del barrio de la Barceloneta vuelven a salir este sábado a la calle para manifestarse contra la especulación inmobiliaria, los actos de incivismo, la ocupación del espacio público y la expulsión de vecinos en pleno debate sobre los efectos del sector turístico en la ciudad condal. 

Han pasado tres años desde aquel 22 de agosto,  el día que los vecinos del barrio de la Barceloneta estallaron ante los excesos de lo que se denominó "turismo de borrachera".  Fueron  los primeros en levantar la voz por un barrio que veían desaparecer . Con las primeras quejas "nos trataron de exagerados", recuerda Sebas Huguet,

Un rotundo respaldo al gobierno del presidente Nicolás Maduro en sus esfuerzos por preservar la paz y mantener la institucionalidad democrática expresaron este miércoles 57 países que hacen vida en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La información fue suministrada por el embajador Jorge Valero, representante permanente de Venezuela ante la ONU Ginebra, quien indicó que esta es una contundente victoria del gobierno y pueblo venezolanos frente a la campaña mediática internacional que busca impulsar los intentos por derrocar al Gobierno Bolivariano.