L’invoca gairebé tothom. Tothom el cita. Tothom el fa servir per portar l’aigua cap al seu molí. Però pràcticament ningú en coneix l’origen ni el seu significat real, profund i primigeni. I, a més, sembla que no es contextualitzen bé les circumstàncies i el moment històric en què va ser forjat. I tampoc es pensa seriosament la projecció que se’n fa en l’actualitat, més en clau propagandística o legitimadora de posicionaments conjunturals o de part que no pas de futur col·lectiu i a llarg termini. Efectivament, un sol poble és el lema o expressió que ja fa temps, i darrerament encara més, ha aparegut en manifestos, titulars i articles de tota mena i està en boca de molts: Carles Puigdemont, Carme Forcadell, Oriol Junqueras, Xavier Domènech, Pablo Iglesias, Ada Colau, Miquel Iceta, Jordi Cuixart, Jordi Sànchez, Antonio Baños, Núria de Gispert…Fins i tot Daniel Perales, vocal de Societat Civil Catalana i definit com a “independent d’esquerres” estranyament vinculat alhora a Ciutadans i a la CGT,

Estados Unidos tiene el mayor índice de desigualdad, la tasa de mortalidad más alta, los impuestos más regresivos y el mayor subsidio público a banqueros y multimillonarios que ningún otro país desarrollado. En este ensayo examinaremos las raíces socio-económicas de la desigualdad y la relación entre la concentración de riqueza y el retroceso de las clases trabajadora y asalariada.

La evasión impositiva, en todas sus formas, es una de las fuentes más constante de la riqueza de los multimillonarios. Contrario a lo que dice la propaganda mediática a favor de los negocios, entre un 67 y un 72% de las corporaciones no pagan ni un céntimo después de los créditos y exenciones fiscales que reciben… mientras que los trabajadores pagan de un 25 a un 30% de sus ingresos en impuestos. La tasa de la minoría de corporaciones que pagan impuestos fue del 14%.

Estamos asistiendo a la ceremonia de la confusión. A la utilización sesgada de la rabia popular orientada hacia objetivos imposibles. Hay que crear ruido de fondo, aunque eso amplíe la enorme fractura social que la campaña pro-referéndum está ocasionando.

La derecha catalana ha sabido generar un movimiento que no tiene nada de progresista ni mucho menos de izquierdas. Su base es la insolidaridad hacia el resto de los ciudadanos que no comparten sus premisas políticas y especialmente hacia el resto de las comunidades del Estado. Un movimiento que, al margen de circunstancias personales, apela al sentimiento de nación focalizando la atención en un enemigo común (el estado español y sus arquetipos) y utilizando un lema (el “volem votar” como expresión victimista). El movimiento hábilmente dirigido ahora se dirige a la búsqueda de una colusión[1], que no colisión, con el Estado.Hablamos de colusión por que la oligarquía, tanto la española como la catalana

EL PSUC. Al ver la manifestación de ayer me di cuenta del drama que ha supuesto para Catalunya la desaparición del PSUC. Veo al personal muy entretenido con el recuento de manifestantes o con las fake news que inundan las redes, a falta de argumentos. Lo cierto es que había mucha gente y que la mayoría eran de aquí. Muchos venían de lo que antes llamábamos el cinturón rojo de Barcelona. Yo no recuerdo nada igual.

Y supongo que muchos jóvenes se preguntan de dónde salen tantas banderas españolas. Algunos deben alucinar al ver que la inmensa mayoría eran, por así decirlo, gente normal, que también portaban senyeres, y esteladas europeas. A mi no me sorprendió.

La ciudadanía de Cataluña y de toda España estamos viviendo una escalada de tensión y confrontación, que está llevando a todos por una peligrosa pendiente de irracionalidad y fractura.
 
El gobierno y las instituciones del Estado tienen una enorme responsabilidad de haber llegado hasta aquí a causa de una absoluta falta de diálogo e iniciativa política durante 6 años. El gobierno español y en particular su presidente Mariano Rajoy, se han escudado detrás de los jueces y policías para encubrir su negativa a dialogar con los representantes del pueblo de Cataluña y con la misma sociedad catalana. Mientras que la ciudadanía de Cataluña mostraba de manera creciente su resistencia a seguir sometida a las agresiones de un PP recentralizador, el gobierno del Estado no ha mostrado ni una sola iniciativa real para revertir la espiral iniciada con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, que debemos recordar que fue impulsada por el PP al quedar en minoría política en el Parlamento de Cataluña y en el Congreso de Diputados.


            Antaño, ahora ya no sé qué pensar, todos los demócratas sabían que cuando, en julio de 1.789, llegaron a Versalles las primeras noticias de lo que sucedía en las calles de París, Luis XVI pensó de inmediato en aquellos alborotos y tumultos tan propios de las sociedades del Antiguo Régimen europeo. Pero el duque de La Rochefoucauld-Liancourt le sacó rapidamente de su error: No, Sire, no es un motín, es una Revolución.

            Bien, pues lo que estos días sucede en algunas calles y plazas de Cataluña, no es una revolución, es un motín o, con más propiedad catalanista, un “avalot”.

            Pero es un motín muy peculiar. No se trata de una multitud de gentes subalternas y que saben que van tener que pagar un alto precio por su gesto insurgente,