El conjunto de fenómenos político-sociales que vivimos desde hace ocho años en España aparece habitualmente ante nosotros como una sucesión hechos puntuales desencarnados del proceso histórico y de la totalidad concreta en que se inscriben. Respondemos a ellos de manera puntual, situados en un cronograma que no es el nuestro, desde la respuesta puntual y desde la navegación de cabotaje.

Circulamos bipolarmente entre el entusiasmo desmesurado por el 15 M y la sospecha de que su impulso propulsivo quizás se esté agotando. Nos movemos entre el subidón por el éxito de las Marchas de la Dignidad y la depresión por las dificultades actuales para re-articular la movilización social, olvidando que alguien decretó que había que vaciar las calles para “irrumpir” en las instituciones.

Publicados primero en ediciones temáticas preparadas por Palmiro Togliatti y Felice Platone entre 1948 y 1951 y luego mediante la edición crítica de Valentino Gerratana en 1975, los Cuadernos de la cárcel han sido y siguen siendo una de las obras más importantes del marxismo del siglo XX. Intentaremos resumir algunas de sus principales ideas.

El Estado integral

Proponiéndose profundizar el concepto de Estado, Gramsci arriba en octubre de 1931 a la definición siguiente: “El Estado (en su significado integral: dictadura + hegemonía” (C6 §155)(1).

Sabemos por Engel que Marx había estudiado la obra de Morgan: “… Marx se había propuesto presentar los resultados de las investigaciones de Morgan en relación con sus propias conclusiones -dentro de ciertos límites podría decir nuestras-, derivadas de la investigación materialista de la historia, y esclarecer así su plena significación.” Falta, sin embargo, examinar la naturaleza de la presentación que Marx tenía pensada.

Marx había recibido la obra de Morgan, de M. M. Kovalevsky, que había traído el libro al regresar de un viaje a los Estados Unidos, y es posible que Marx sólo lo haya tenido prestado, pues Engels no lo encontró en la biblioteca de Marx. Marx tomó abundantes notas de la obra de Morgan, agregándola a su estudio de Phear, Sohm, Maine y, algo más tarde, de Lubbock.

El día de la Mujer trabajadora inaugura la semana de la Socialdemocracia. Con el duro trabajo de estas jornadas el partido de los desposeídos sitúa su columna femenina a la vanguardia para sembrar la semilla del socialismo en nuevos campos. Y la igualdad de derechos políticos para la mujer es el primer clamor que lanzan las mujeres con el fin de reclutar nuevos defensores de las reivindicaciones de toda la clase obrera.

Así, la moderna proletaria se presenta hoy en la tribuna pública como la fuerza más avanzada de la clase obrera y al mismo tiempo de todo el sexo femenino, y emerge como la primera luchadora de vanguardia desde hace siglos.

La mujer del pueblo ha trabajado muy duramente desde siempre. En la horda primitiva llevaba pesadas cargas, recogía alimentos; en la aldea primitiva sembraba cereales, molía, hacía cerámica; en la antigüedad era la esclava de los patricios y alimentaba a sus retoños con su propio pecho; en la Edad Media estaba atada a la servidumbre de las hilanderías del señor feudal.

En la presentación de lasTesis sobre Feuerbach(1845) de Marx, que publicó a título póstumo en 1888, Engels las calificó como “primer documento que registra el germen genial de una nueva concepción del mundo”. Así es, en este pequeño texto Marx supera dialécticamente –la famosaAufhebung: negación/conservación/elevación– el materialismo y el idealismo anteriores, y formuló una nueva teoría, que podría llamarsefilosofía de la praxis.

Mientras los materialistas franceses del siglo 18 insistían en la necesidad de cambiar las circunstancias materiales para que se transformaran los seres humanos, los idealistas alemanes aseguraban que la sociedad sería cambiada gracias a la formación de una nueva conciencia entre los individuos.

Los primeros años del tercer milenio despertaron grandes esperanzas en quienes creemos que la izquierda ofrece el único futuro viable y digno para Latinoamérica. En apenas una década, entre 2000 y 2010, varios mandatarios tomaron sus distancias respecto al neoliberalismo y reorientaron el rumbo del continente hacia diversas formas de populismo de izquierda: primero Chávez en Venezuela; después Lula en Brasil, los Kirchner en Argentina y Tabaré Vázquez en Uruguay; enseguida Evo en Bolivia, Correa en Ecuador, Bachelet en Chile y Manuel Zelaya en Honduras; finalmente Ortega en Nicaragua, Lugo en Paraguay, Funes en El Salvador, Mújica en Uruguay y –en cierta medida– Humala en Perú.

Aún ascendíamos hacia la cresta de la ola progresista cuando ya sentimos el jaloneo de una resaca reaccionaria caracterizada por una estrategia golpista de nuevo tipo centrada en ataques mediáticos, presiones económicas, movilizaciones colectivas,

De esto a nadie le cabe la menor duda. Mucho más, cada pedagogo dirá: ¿cada uno puede responder qué significa esto? ¿Qué significa pensar y qué es el pensamiento? La pregunta está lejos de ser sencilla y, en determinado sentido, es capciosa.

Con mucha frecuencia confundimos el desarrollo de la capacidad de pensar y el proceso de adquisición de los conocimientos establecidos por los programas. Y estos dos procesos, sin embargo, no coinciden automáticamente, aunque son imposibles uno sin el otro. “El mucho saber no enseña inteligencia”. Esta idea, expresada hace más de dos milenios, por el sabio Heráclito de Éfeso, no ha envejecido hoy día.